sábado, 18 de abril de 2015

ADRIA, LOS SUPERCAMPEONES Y LA DIGITALIZACIÓN

Escrito por: Gerundio
 
Con el pasar del tiempo es impresionante como todo se encuentra al alcance de un click. Y es que todo, pero casi absolutamente todo, se puede realizar ya por ordenador, desde hablar con esa persona especial cuya barrera es la distancia, hasta desearle los buenas días a tu padre que está en el piso contiguo.

Añoro esos tiempos en los que vive el niño de la historia siguiente, el niño que, a pesar de no saber de Facebook, Whatsapp, Instagram o Twitter; vivía feliz y con el juguete más importante que por aquel entonces existía y que a ellos les iba muy bien, la imaginación.

Adrià és un joven cuyos pensamientos no están lo más organizados que te puedas imaginar. Hijo de un padre temeroso de la ley de Dios y de una madre...podríamos decir...tierna y sumisa que se levanta con un solo afán: Ser feliz pese a la gran carga que ya os contaré.

Como es ya costumbre de la familia Armengol, cada mañana se levantan a tomar desayuno. Primero, el hijo madrugador que entra a clases a las 8:20. Ferrán, un chico tímido cuando le conviene, agresivo cuando no se lo ve y fanfarrón un día si y otro también. Luego y ya un poco entrada la mañana, se levanta Adrià y junto a sus padres y su hermana Ainhoa se sienta a desayunar; bueno, eso si Ainhoa está despierta pues suele levantarse muy, pero muy entrada la tarde.

Como es también costumbre, la casa de los Armengol siempre cuenta con la compañía del silencio, tan necesaria a veces y amenazante y encimera cuando no te van bien las cosas.

Ferrán trabaja pero es su hermano, Adrià. quién se divierte la mayoría del tiempo. Corre ligero como si nada le importara e imagina cosas que, señores, nadie podría imaginar.

Con la ayuda de su Walkman; si señores, Walkman, ese aparatejo que funcionaba a radiocassette y que hay de ti si querías volver a oir tu canción favorita. Era la fiel compañía de este joven que tenía ganas de comerse el mundo.

Jugar al futbol es su pasión, pero la mayor de todas es Arantxa, una joven que ha conocido hace poco y que no quiere salir de su cabeza ¿Por qué? El tiempo lo dijo, lo está escribiendo y esperemos que también lo dirá.

Adrià era un incomprendido, pues es un poco diferente a los demás. Como ya se dijo antes, la imaginación y pensamientos de nuestro amiguete escapa a lo que podemos conocer como racional y es que ¿Hay alguna mente de niño que no sueñe o imagine cosas? Pues esta lo era.

Joven apasionado por los suyos, del cual nunca se oía ofensa alguna -vamos, como en toda persona de aquella epoca- era aquel niño que le gustaba ayudar y siempre sonreir aunque las adversidades le pisen la cabeza.

La rayuela, las tinieblas (escondidas) son cosas que actualmente se conocen muy poco o, a secas, no se conocen. Eran los juegos preferidos de Adrià, pero nada como darle un beso a Inés, su madre, al llegar a casa.

Inés, pacientemente, escribe una carta a su madre Leyre para contarle un poco de lo que ha sido su vida durante las últimas 2 semanas. Se la ve sonriendo y escribiendo con una cara de gusto que se ha perdido como aquella hermosa costumbre de saludar y pedir por favor. Ay, lo que daría yo por volver a ver esas caras tan explicativas y denotativas de amor, sinceridad y entrega total.

Yo, Ferrán, os narro la existencia de Adrià, el chico que siempre quise llegar a ser pero que, por motivos de espacio y de comprensión no fui. Lo tenía todo para triunfar: Las ganas, el coraje, una familia que me amaba, la gracia de Dios. Pero fue un día, cuando todo empezó a cambiar que me fui intoxicando con palabras que no se sentían, abrazos fingidos, desechos que se disfrazaban de buenas intenciones, frases y obras intolerantes, envidias insanas, palabras hirientes y demás atrocidades que sigo viendo a pesar de mi corta vida y todo lo que se nos ha entregado.

Yo Ferrán, soy el mundo que os digo que os améis los unos con los otros, que aprendáis más a conoceros que a juzgaros, más a veros que a odiaros, más a sonreir que amargarse más a dar la mano que a criticar màs a pelear y levantarse que quejarse y quedarse atrás.

Mi hermano Adrià, ese que está dentro de mi, murió a causa de la intoxicación que poco a poco fue sufriendo el mundo, no supo adaptarse a un mundo sin sonrisas y terminó sucumbiendo. Pero yo sigo aquí y aún espero que él vuelva a renacer. Aún sigo tratando de entender cómo fue que la cercanía pudo llegar a separarnos.

domingo, 12 de abril de 2015

RINOCERONTE

Escribe: Roy Kurczac.

 RINOCERONTE

Estoy inserto en un mundo que no conozco. Mi cabeza gira, gira, gira y gira. Estoy inmerso en un mundo que he escuchado, un mundo kafkiano. Siento que me transformo en... en ... en... en un rinoceronte.

Mis manos tiemblan y veo cómo mis dedos dejan mi mano para dar paso a algo duro, a una pezuña. No duele, pero sí pica. Mi cabeza gira y gira. El calor es insoportable, siento que mi cara se estira y que mi nariz ya no es nariz. Estoy inmeso en un mundo que no conozco. Soy un rinoceronte.

(Este cuento fue creado bajo una fiebre de 38 grados. No fue modificado de su forma original, salvo su transcripción a texto).

domingo, 27 de julio de 2014

QUÉ NO ES EL SOCIALISMO: CARICATURAS Y REFUTACIONES

Escribe: Diego Alonso

Las analogías son comparaciones de conceptos que se realizan con distintos fines; muchas veces, se utilizan de manera pedagógica para hacer claro o comprensible un concepto que de otro modo sería demasiado complejo o técnico para quien no estuviese formado en el lenguaje de la disciplina de turno. Un lugar común de la inteligentsia de derecha (entiéndase, la combinación conservadurismo político y liberalismo económico) cuando intenta pedagógica o propedéuticamente convencer al ciudadano de a pie de por qué el Socialismo es malo, es una famosa analogía que he leído una y otra vez circulando (a veces pretendiendo ser un argumento) por la internet, que intenta relacionar un sistema social político-económico (Socialismo, como si hubiese un solo socialismo posible) con una sala de clases (que debería resultar comprensible para todos, ya que, todos hemos estado en una de aquellas al menos algún considerable periodo -feliz o no- de nuestras vidas).

Hasta aquí, todo bien; utilizar la analogía para hacer más comprensible un concepto a veces demasiado abstracto. ¿El problema? La comparación no tiene pies ni cabeza, porque lo que terminan comparando es más bien una caricatura deformada de lo que son los impuestos redistributivos con la idea de evaluación escolar.

La estructura de este artículo será la siguiente:
A. Presentar la famosa analogía literalmente, en las mismas palabras con las que puede ser encontrada en varias páginas de internet (desconozco si está basada en alguna otra fuente).
B. Señalar qué es lo que la analogía pide que creamos para que la comparación sea efectiva. O sea, qué premisas nos pide aceptar y actuar "cómo sí" el socialismo o el colegio en verdad funcionasen así.
C. Proceder a refutar dichas premisas punto por punto.
D. Dar algunas consideraciones finales respecto al Socialismo y las caricaturas.


ANALOGÍA DERECHISTA RESPECTO AL "SOCIALISMO"

"Un profesor de un colegio local declaró que él nunca había reprobado a un alumno, pero que ahora había debido reprobar a un curso completo.

Esa clase había insistido en que el socialismo daba resultados y que con él nadie sería pobre ni nadie sería rico: un sistema perfectamente igualitario.

El profesor entonces dijo: vamos a hacer un experimento en esta clase con un plan socialista: todas las notas van a ser promediadas y todos obtendrán la misma nota, de manera que nadie sea reprobado ni nadie obtenga un 7.

(Se puede sustituir las notas por pesos, para tener una noción más próxima a nosotros y más fácil de entender por todos).

Después de la primera prueba, todas las notas fueron promediadas y todos obtuvieron un 5. Los que estudiaron mucho estaban molestos y los que estudiaron poco estaban felices.

Cuando vino la segunda prueba, los alumnos que habían estudiado poco estudiaron todavía menos y los que antes habían estudiado mucho, ahora decidieron 'irse a la coch'e guagua' también, y estudiaron poco.

El promedio de notas fue un 3. Nadie estaba contento.

Cuando se rindió la tercera prueba, el promedio fue 2. Tras sucesivas pruebas las notas no mejoraron, pero sí aumentaron las quejas, las recriminaciones y los insultos. Hubo odiosidad y nadie quería estudiar sólo en beneficio de los demás. Para sorpresa general, todos reprobaron el curso. El profesor les dijo que el socialismo también iba a fracasar en el país, porque cuando la recompensa es alta, el esfuerzo es grande, pero cuando el gobierno se apropia de la recompensa nadie va a tratar de o querer ser exitoso. No puede ser más simple que eso."


PREMISAS

¿Por qué esa comparación es falaz? La metáfora necesita que se acepten ciertas premisas, COMO SI de eso se tratase el socialismo:

1. “La única política estatal es la redistribución simple y directa entre salarios; se le quita a los que ganen más para lograr un promedio”.
            Pretenden que el socialismo consiste en promediar sueldos a punta de impuestos, ejemplificado de manera simple, si Pedro gana 10 millones y Juan $100000; se le cobrarían $4.950.000 de impuestos a Pedro para que ambos ganen al final del mes $5.050.000. Esto no incluiría ninguna política pública destinada a modificar las condiciones de producción (de generación de riqueza), ni a capacitación, ni a seguridad social, salud pública, etc, etc.

2. “El salario es proporcional al esfuerzo y/o talento”.
            Se asume que los que "estudiaron mucho" les iba bien y los que "estudiaron poco" les iba mal, todo quien haya pasado por el colegio sabe que esto no es regla general. Aún si fuese así, se insinúa que en la economía, quienes se esfuerzan más o producen más, son recompensados con mejores salarios ¿Es esto así?

3. “No hay división de trabajo” (!?)
            Todos los alumnos estudian la misma materia, obteniendo distintas notas. Esto equivale a: todos los trabajadores realizando la misma labor (es como si en vez de que hubiesen empresarios textiles, manufactureros textiles y vendedores de telas, todos estuvieran en una industria de telas operando las máquinas), obteniendo distintos salarios por la misma labor (si todos fuéramos manufactureros de telas en la misma compañía, según la analogía, no ganaríamos un sueldo fijo vinculado a la rentabilidad -ganancia- de la empresa y su re-inversión en alquilar fuerza laboral, sino que este sería proporcional a la producción individual; si yo produzco 3, a fin de mes me pagan 3).

4. “Hay un límite natural a la creación de riqueza (equivalente a 7.0)”.
            Aquí presuponen que el máximo conocimiento, producto de esfuerzo -o talento- sólo puede equivaler a 7.0, lo cual es como decir que el trabajador más productivo o el empresario más ambicioso no pueden ganar más que una cantidad de pesos naturalmente delimitada (o sea, sin que ningún Estado fije un sueldo máximo legal, sino que “la naturaleza” impediría que alguien gane más que cierta suma).

5. “No hay cooperación ni comunicación entre los agentes económicos”
            Por ejemplo, los que sacaban sietes, al notar que su calificación ahora depende del rendimiento de todos, podían haber organizado grupos de estudio para que todos rindan mejor; la opción tramposa sería que el curso se hubiese organizado para copiar de un modo que todos tengan rendimiento cercano a 7.0; ambas son formas de conducta cooperativa, en la primera alguien comparte sus conocimientos con otra persona, ambas salen beneficiadas y la producción aumenta. En la segunda, que correspondería a un modo de resistencia contra el sistema productivo, ambas personas saldrían beneficiadas pero no habría "generación de riqueza".

6. “La motivación por “ser exitoso” es únicamente el beneficio individual”.
            Si no me va mejor que al resto, no hay para qué esforzarse.

Esto es un muñeco de paja del socialismo, una versión caricaturizada y simplona, que no corresponde ni se deduce de las teorías económicas de planificación centralizada, como la ecuación de Lange-Lerner; o las tesis consejistas y socialistas-libertarias de propiedad colectiva descentralizada; por ejemplo; o de las teorías antropológicas, sociológicas y etológicas de conducta cooperativa; o las teorías económicas y psicológicas de agente altruista.


REFUTACIONES

Procederé a refutar los 5 puntos uno a uno; según los siguientes criterios:

(a) Pertinencia de la metáfora: si existe adecuación entre las notas y los salarios
(b) Verosimilitud de la metáfora: si el socialismo propone lo que acá se entiende por socialismo

1. No se cumple (b). El socialismo postula mecanismos que apunten hacia la mayor creación de riqueza colectiva, no hacia la igualación de la riqueza individual creada, los impuestos para disminuir brechas son un método, criticable, limitado, no un fin en sí mismos ni una condición necesaria del Socialismo. Respecto a fijación de precios pueden revisar la ecuación de Lange-Lerner; otra opción es el desarrollo estatal de empresas estratégicas (algo que funcionó bien en Finlandia, que es una socialdemocracia, con Nokia, por ejemplo).

2. No se cumple (a) ni (b). Dos personas igualmente talentosas y esforzadas, podrían ganar salarios muy diferentes si una no tiene acceso a los contactos u oportunidades laborales que la otra. El ejemplo fácil es que un conductor de micro en noruega gana 50 veces más que un conductor de micro en la India (que requiere más habilidad porque tiene que esquivar vacas, baches, andar por carreteras no pavimentadas, etc). ¿Uno podría argumentar que el conductor noruego es 50 veces más productivo, esforzado o talentoso que su colega indio?

3. No se cumple (a) ni (b). La explicación de esta es autoevidente.

4. No se cumple (a). Si bien existe un límite que corresponde a la existencia de recursos no renovables en el ecosistema, tanto la economía capitalista como socialista suelen operar como si la generación de riqueza pudiese ser ilimitada; el problema es que hoy se pone énfasis en la economía de servicios y ya no en la economía industrial de manufacturación o incluso de tecnología del conocimiento.

5. No se cumple (a) ni (b). Los agentes económicos no sólo se comportan de manera egoísta; si se definen estrategias para incrementar la riqueza, son alcanzables de manera auto-organizada (economía participativa y economía de libre mercado), o regulada estratégicamente (economía planificada). Ambas maneras dan resultados si se les aplica excluyendo factores perturbadores particulares.
Un punto interesante a abordar de la analogía es la forma cooperativa donde los alumnos, en vez de estudiar juntos, copian; esta se parece a la especulación de los accionistas, que inflan el valor de las acciones en ciertos mercados llevando a la economía a crisis como la famosa Sub-Prime del 2008; o también, es parecida al "principio de maximización del valor del accionista", que es -curiosamente- una cláusula que se empezó a aplicar a principios de los 80 en las empresas donde los accionistas y los gerentes eran personas distintas, que condicionaba el sueldo de los gerentes a cuánto podían aumentar los sueldos de los accionistas. Esa política suele ir en contra del desarrollo a mediano y largo plazo de la empresa, y a su vez, en contra de los trabajadores y de la sociedad en general (recorte de personal, disminución de sueldos, nula reinversión en tecnología y trabajadores por parte de la empresa). Paradójicamente, esta forma "tramposa" de cooperación accionista-gerente, sólo es posible en el capitalismo de los 80’ y posterior (que muchos llaman "neoliberal" o de libre mercado).
Históricamente, el capitalismo Keynesiano ha sido más eficaz en generar riqueza que el capitalismo "neoliberal" o de "libre mercado"; aunque la discusión académica presenta evidencia por ambos lados, sin que se llegue a acuerdo alguno. Las implicancias entonces, de elegir una u otra alternativa, son políticas y éticas.

6. No se cumple (b). Acá está –a mi parecer- la razón de la popularidad de esta analogía, para el sentido común, es coherente pensar que si no va a haber una gran recompensa, no tendría por qué haber esfuerzo. Eso es generalmente cierto, pero la trampa está en considerar la recompensa como únicamente individual; y es una trampa que no sólo afecta al sistema económico, sino que también al sistema escolar; si el foco estuviese en el aprender y no en el medir; o si estuviese en los beneficios sociales (que también son individuales) y no en los beneficios individuales (que pocas veces son sociales); la gente preferiría alternativas cooperativas. Evidencia de que esto no es imposible, al menos en el campo de la economía, son las investigaciones antropológicas de tribus con Economías “del don” (gift economy) en las cuales se busca que a nadie le falte nada, y hay una redistribución de los bienes espontanea, sin un estado intermediario. Otra apuesta al respecto es la Economía Participativa (o Parecon) como alternativa al estado planificador y al libre mercado.

CONSIDERACIONES FINALES

Este artículo es un llamado a romper con las caricaturas para darle altura al debate, cuestionarse todo, sobretodo cuestionarse los propios dogmas, las propias certezas. Cuestionarse siempre primero uno mismo e intentar comprender por qué quien piensa distinto, piensa del modo que piensa y no como yo pienso; en vez de caer en posturas como "él piensa así porque es estúpido" o "él piensa así porque es malo y es el enemigo". Desde ahí, el llamado es al diálogo empático, pero también al posicionamiento y a defender las ideas que uno cree, cuestionándolas permanentemente y estando dispuesto a aceptar que todos podemos equivocarnos, y nos equivocaremos constantemente.

Sobre el socialismo económico tengo poco que decir, más allá que es necesario no dejarse llevar por las caricaturas. A mí particularmente, me resulta raro encontrarme realizando una crítica a una crítica del socialismo, porque yo mismo no me considero socialista, sino Anarquista y desconfío de todo Estado. Pero a fin de cuentas, frente a caricaturas como la arriba criticada, me siento más emputecido por su contenido que contrario al socialismo. Después de todo, el socialismo no es necesariamente la dictadura sangrienta de Stalin, Pol Pot o Mao; la guerrilla de Castro o la de Sendero Luminoso; el gobierno democrático de Allende o de Lumumba; Morales o Chávez; la socialdemocracia nórdica o el laborismo inglés de los 60. La tercera vía de Nehru o la Yugoslavia Socialista de Tito.


El socialismo no se limita a alguno de sus intentos históricos en particular, el socialismo es un concepto. Y nace como una rebelión ante la dominación del hombre por el hombre, la explotación, la injusticia y las pretensiones de que los humanos somos intrínsecamente egoístas. Más bien -creo yo- somos lo que aprendemos a ser, y eso puede significar tanto ser egoístas como ser solidarios y altruistas. El socialismo es una apuesta por una humanidad que puede convivir siendo solidaria. Esto es discutible en muchos sentidos, si acaso es deseable, cómo lograrlo, en cuánto tiempo se puede lograr. Para esto, lo primero que se necesita poner en duda, es si acaso es posible o no.

miércoles, 16 de julio de 2014

ENTRE SOMBRAS Y LÁPICES LABIALES: EL ORIGEN DEL ALTER EGO

Escrito por: Nemo


Siempre me llamó la atención que mi madre llevara a todas partes su estuche de maquillaje, y que lo abriera para la situación que fuera: en matrimonios, en trámites diversos, en la fila para solicitar una hora o retirar la bolsa de leche Purita en el consultorio, o sólo para ir a comprar -o pedir fiado- el pan en el negocio de la esquina. Y más me llamaba la atención la gracia con que realizaba tal actividad, inclusive si ésta la ejecutaba en las micros o en el metro en el horario punta. Y como no, la imité. Pintarrajeándome la boca con sus lápices color ciruela o chocolate, "ruborizándome" los pómulos y delineándome los ojos cual Cleopatra del río Mapocho. Siempre lo hice oculto, pero un día me sorprendió ella, mi maestra, y sin emitir palabras lloró y me abofeteó.
Así pasaron algunos años, hasta que en la escuela conocí a una compañera que siempre andaba con su estuche de maquillaje, y con una gracia superior a la de mi primera mentora, borraba imperfecciones faciales, resaltaba parte de su belleza y cambiaba sus emociones con un toque de base y polvos compactos. Ella me comprendió y me acogió en su mundo cosmético, convidándome sus maquillajes, los que utilizaba en el baño oculto que había, durante los recreos. Era entretenido el acto de cambiar mis rasgos: afinarlos, ocultarlos y destacarlos, como manera de expresar mi ser especial, para posteriormente destruirlo con un poco de agua y papel confort. Pero un día esto se truncó cuando el inspector general me pilló, viéndome horrorizado y llevándome a uno de los cubículos sanitarios... Luego de subirse el cierre me llevó arrastrando al lavamanos, me lavó la cara, y me dirigió a la oficina para hablar con mi madre por teléfono. Una hora después me miró con lágrimas en los ojos y me abofeteó.
Así pasaron los años, hasta que al salir de la media, esta amiga cosmética me invitó a salir a un local para bailar y "pasarla bien". En ese lugar, mientras danzaba al ritmo de "Blue Monday", se acercó alguien con mirada deseosa, deseosa de mí: me tomó, me besó y me anheló. Fue la primera vez. En su casa, al ir al baño, encontré una caja metálica muy llamativa por su brillo y colores. La curiosidad me ganó y la abrí: allí los colores fueron aún más llamativos en mi rostro. Mientras dormía él, mi cara sufrió una metamorfosis y me contemplé por varias horas. Vez que iba con él a su lecho, yo me transformaba cosméticamente, hasta que un día me descubrió... 

(Continuará)

jueves, 5 de junio de 2014

NO PAGUE DE MÁS ... NO PAGUE

 Escrito por: Grecko

 
 (compartido desde su blog "Punto de Vista Social's Club")

 
Cuando salí de la U; salí aliviado y exitoso. Por fin terminaba un proceso y entraba en otro más relajado, pensaba yo. Recuerdo el día de mi examen de grado, después de rendirlo, sólo quería dormir. Un tiempo más tarde, un correo llega y dice que mi Universidad informó mi egreso a la Comisión Ingresa (Organismo encargado de administrar el famoso Crédito con Aval del Estado o CAE) y que debo empezar a pagar pronto, un mes más. Es cierto, soy un endeudado del famoso CAE. La verdad, lo esperaba, y de hecho es lo correcto, después de todo, estudié, me titulé, trabajé y disfruto de lo que mi trabajo me ha dado.
 
Sin embargo, hubo un instante en el que me puse a reflexionar, en el que la neurona ética-política-moral-cuestionadora entró en funcionamiento en mi cerebro y pensé: “Hoy se habla de ‘grandes reformas’ de cambiar la ‘educación de mercado’ por una ‘justa’, de calidad, que integre, que dé oportunidades, y que elimine el lucro – prácticamente – de la faz de la tierra y… sin embargo ¿quién ha soltado una sola y mísera palabra para eliminar la aberrante forma en que muchos se endeudan, se endeudaron y endeudarán para educarse, mientras exista este famoso CAE? Puesto que, si hablamos de lucro y de la forma en que el Estado invierte sus recursos en Educación, el CAE es el peor de todos, porque, si usted no lo sabía, el funcionamiento tras bambalinas del CAE es un contrasentido económico perjudicial, macabro e imbécil para el Estado, en favor de la banca privada, un verdadero despilfarro legítimo y que a nadie en el poder le llama la atención. (Averigue bien)
 
Si se elimina el lucro, la educación es gratis y todo eso – me planteo en una inocente hipótesis de que así sea - quedará un gran resabio del antiguo sistema: nosotros los endeudados, no creo estar solo en esto. Y por endeudados, no hablo de los que tienen cuotas impagas, esos serán los menos, pero los habrá. Hablo de los que pagan y tienen que pagar. Por mi mente de endeudado pasan, entonces, los siguientes planteamientos, algo incómodos para algunos, obvios y casi desapercibidos para otros en razón de la normalidad que no poseo, ni quiero poseer. En fin, pasa lo siguiente: cuando tenga hijos, tal vez: aún tendré que pagar mi CAE; cuando esté enfermo, aún tendré que pagar mi CAE; cuando me quiera comprar una casa: tendré que pagar mi CAE; cuando me quiera tomar un año sabático y viajar por el mundo: aún tendré que pagar mi CAE. Cuando quiera estudiar, para profundizar mi conocimiento en mi área en Chile o el extranjero, altruistamente – espero –: aún tendré que pagar el CAE. ¡Qué cuático!
 
¡CAE!, ¡CAE!, ¡CAE!, ¡Me perseguirá 20 años de mi vida, de mi trabajo, de mi sueldo, de mi familia!, ¡ojalá! a un 10% de mi renta, por favor. Y, si alcanzó a pagar a tiempo mensualmente, será con una tasa de interés rebajada del 2%,  y si no, con una de casi un 6%, ¡Dios me libre! Lo dejaré de pagar cuando tenga 45 años, pero ¿quién cresta sabe si llegaré vivo a esa edad? Todas éstas cuestiones pasaron por mi cabeza y cuando pienso que también, quizás, querré comprar un departamento o una casa para vivir solo, o en pareja o con mi familia o con un gato, perro etc., ¡también tendré que endeudarme!, ¿y si me enfermo? – Dios no lo quiera – puede que sea lo mismo. ¡Espera un momento! Si lo pienso bien, mi libertad, mi propia vida, más allá de mi trabajo, como podría decir Karlitos Marx, la estoy vendiendo, por “libre” decisión, porque no sé cuánto tiempo de vida tengo, ni la calidad de vida que logre mantener y aun así ¿me endeudé?, o sea, es culpa mía. ¡Mierda! ¡La cagué!

Entonces, salió de mí un lado anarquista, rebelde con causa propia que dice: “No pagaré ni una hueá”. Y lo hablé con algunos de mis compañeros y compañeras deudores del CAE y les dije: ”No quiero pagar”, algunos me miraron con cara de “te estás cagando solo”, otros me dijeron derechamente “es tú problema, has lo que quieras”; otro me indicó “ eso es problema de las Ues privadas”. Sí, es cierto, en buena parte, yo estudié en una U privada, la UAH- muy buena a todo esto- y muchos teníamos ese “beneficio”, pero ¿y qué? Un buen tipo me dijo, razonablemente: “¿Estáy hueón?, ¿quieres perjudicar a tus viejos? Si no pagas, el banco cobra y les embargan a ellos” Ahí pensé en las innumerables artimañas legalistas que existen para que no embargaran a mis viejos, pero si lo hacía de todas formas alguien iba a ser afectado y yo tendría que pasar escondido, no tendría créditos para nada, estaría aislado económicamente, tendría “los papeles manchados” per secula seculorum. ¿Qué cresta hago?
 
Volví a replantearme, quizás tenga que pagar. Pero no, a ver, ¿y si nos organizamos y hacemos una marcha? ¿Un movimiento social? Los endeudados del CAE, porque – pensé - esto es una política pública pésima y abusadora que afecta a muchos; esto es algo que como ciudadanos deberíamos exigir: vivir libres, y que la educación siempre ha sido y es un derecho, el cual se nos está cobrando. En ese plan, alguien me dijo irónicamente: “’¿los profesionales? no creo que vayan, están ocupados trabajado para pagar el crédito”. Yo tenía esperanzas. Los que se endeudaron recién, - pensé - los estudiantes, me dijeron “están en asambleas en sus Universidades, hablando de cómo cambiar el sistema macro, de las utopías; entre amarillos, fachos y ultras, no les importa si tienen que pagar… aún. Marchan, pero siguen pagando, están en otra volá”, aún tenía esperanzas. Las tenía porque dediqué mi estudio y 5 años de mi vida - menos mal, porque si no debería más - a estudiar cómo poder hacer de la vida de la comunidad algo mejor, lo típico: aportar a la sociedad. Todo esto desde una de las disciplinas de las Ciencias Sociales como el Trabajo Social. Un buen géminis soñador, como me dijeron por ahí. 
 
Mis esperanzas eran enérgicas, hasta que un día en la mañana, desperté motivado para emprender el rumbo hacía lo que en mi mente sería en una manifestación ciudadana virtual por Facebook (Sí ¿y qué?). Fui al baño, tomé un mate, prendí la tele y justo estaban entrevistando a una señora, acerca de la alza de precios del Transantiago, en 10 pesos, ella dijo: “Así es Chile ¿qué le vamos a hacer?, hay que echárselo al hombro.” Luego, dos personas más repitieron lo mismo, unos les echaban la culpa a otros, los que no pagaban y el “¿qué le vamos a hacer?” se repitió muchas veces y con eso mis esperanzas murieron. Y murieron bien muertas, porque si por 10 pesos cotidianos por 5 días, que son 100 pesos semanales, 400 pesos mensuales, 4800 pesos anuales por cada uno de una familia trabajadora, nos echamos al hombro como si nada ¿qué serán $16.800.000 a 20 años plazo, es decir $70.000 mensuales, o $2400 diarios, o $100 por hora, si es que pago en los plazos? Un poco más difícil, pero total es el problema de uno, de un bolsillo de otro, de una vida, de alguien que tiene un trabajo, de la libertad de otro, de otra familia. 
 

Así que, no. No pague de más… no pague… atrasado.

lunes, 2 de junio de 2014

SOBRE EL TIEMPO

Escrito por: Dardo (compartido de su blog "Resonancia")
 
 
 
Siempre creí que correr era la solución para controlar el tiempo, organizarse y correr.
 
 
Planificar tu día y hacerlo rendir al máximo, sin preocuparse por quedarse sin tiempo, pues todo estaría organizado y contemplado en un esquema tan rígido como sólido, por lo que este no podría salirse de ahí. No bastó mucho para darme cuenta de que estaba equivocado. Siempre había un imprevisto, siempre, y ante eso yo me sentía impotente. No era mucho lo que podía hacer, por lo tanto decidí tener un esquema más amplio y dejar tiempos de sobra para cada actividad, así, en caso de un suceso inesperado, podría cuadrar mis tiempos para realizar todas las actividades que me había propuesto. Ciertamente funcionó e incluso me sobraba tiempo en algunas ocasiones que podía aprovechar para realizar alguna otra acción que no tuviese contemplada - era agradable sentirme así, libre de saber que había hecho las actividades y de que el tiempo me sobraba -. Tal éxito tuvo mi esquema, gracias  a este mundo cada día más regular, que el tiempo me comenzó a sobrar, ya no solo de manera ocasional, sino que de manera constante; había días en que incluso alcanzaba a realizar las tareas programadas para dos días. 
 
Con el paso del tiempo, el adelantar las tareas programadas se volvió una cosa cotidiana, llegando a tal nivel que ya el 1ero de mayo ya había hecho las compras de los arreglos de navidad para mi casa y el 3 del mismo mes ya había adquirido el cotillón para año nuevo. En un momento me adelanté tanto al tiempo que llegué a enojarme con mis amigos pensando que habían olvidado mi cumpleaños, cuando en realidad aún faltaban 4 meses para eso. A pesar de todo, me sentía un ganador, hacía lo que quería y el tiempo no era un impedimento para mí; le había ganado, lo había superado. Yo fui mi tiempo, mi ritmo y mi canción escrita en mi propia llave de sol que marcaba los tiempos que yo quería, cada vez más rápidos por cierto. No distinguí noche de día y cada vez fueron menos las horas que dormía. No me importaba, nada mejor que saber que tienes tiempo para hacer más cosas. Corría mi propia carrera a mi ritmo y el tiempo no me lo impediría. 
 
Veía a la gente pasar en su lentitud habitual y no entendía cómo perdían tanto su tiempo. Para entonces, yo ya había cumplido 5 años más en tan solo 21 meses, pero a diferencia de los 5 años que cumple la gente normal, en mi cuerpo habían pasado sólo las horas que correspondían a esa cantidad de meses. Quizás estaba un poco más cansado, pero con años por delante que otros no tendrían. 
 
A la edad de 40, ya había celebrado mi 63 cumpleaños y las actividades para entonces estaban indefinidas; aún siendo yo, el hombre que logro controlar al tiempo, no podía visualizar que sería de mi vida en 23 años más. Tuve mucho tiempo entonces, más del que nunca pude soñar. Fue un sueño. Incluso regalé un poco a aquellos que noté más necesitados que yo.
 
Las tardes eran infinitas y la angustia de no tener nada que hacer me comenzaba a colmar. Tenía mi vida arreglada para los siguientes 23 años ¿qué más necesitaba por ahora? Nada. La contemplación se volvió un deporte y las horas las llene del vacío de no hacer nada… Había hecho todo lo que quería hacer en los futuros 23 años ¿Qué más podría hacer ahora?... Pasaron y pasaron las horas interminables, agobiantes, indiferentes y lapidarias. Fue entre una de esas horas cunado se me ocurrió volver a ver mi muñeca, la cual no miraba desde que había terminado mis actividades. Ahí estaba aún, igual que siempre, mi reloj de pulsera inmutable en su haber, corriendo segundo a segundo sus horas, tal cual lo hizo en antaño. Fue entonces cuando lo comprendí, y en un intento desesperado por hacer algo al respecto, intenté hacer que las manillas del reloj girasen en sentido contrario; Lo logré, más cada segundo pasó al mismo ritmo que si fueran para el otro lado ¿Cómo no lo vi antes? ¡¿Cómo?!
 
El tiempo y su andar nunca fueron míos, nunca los controlé; fui yo quien en mis ansias por controlarlo fui controlado por el tiempo y superado. Creí que corriendo ganaría la carrera, pero, aceptémoslo, el tiempo lleva corriendo mucho más tiempo que yo y si él es el experto, yo no podría ser considerado más que un aficionado ¿Cómo no lo noté antes? Cómo no entendí que la única forma de derrotarlo es en la quietud del todo, en la no espera de algún suceso y en la inmovilidad del cuerpo, es la prescindencia de éste en donde el tiempo es derrotado; en un juego de congelados es quien se mueve el que pierde, y si el tiempo tiene una virtud es la de no dejar de moverse. No era ganarme a su lado lo que debí hacer, sino dejarlo correr libre y sin que me importara su andar, ni sus horas, ni mi actividad, ni su concreción. Solo así, realizando actos despreocupados de tiempo, se podría domar este corredor, solo así podría haberlo utilizado cuando me viniera en gana y no ser utilizado cuando a él le de la gana, que para variar fue siempre. Solo en la despreocupación es en donde el tiempo será débil y los momentos infinitos, como yo ahora en mi espera, solo que sin actividades que hacer, sin gente que me acompañe en mi tiempo y con 63 años anunciando una muerte.

jueves, 29 de mayo de 2014

LA APROPIACIÓN DEL INTELECTO



Escrito por: Antonio Baeza, el Galgo
Empezaré a usar ese nombre ahora. Puede decirse que es mi nombre artístico o seudónimo; en Trueno Austral se me conoce así y quienes participan en el gremio del rock me ubican por ese apodo. Me pusieron así por mi contextura física y por mi desesperación al correr.
 He querido aquí compartir la adaptación de un ensayo que escribí hace algun tiempo. Se trata de las ideas básicas que explican las motivaciones de muchas de mis acciones, creaciones o publicaciones, incluyendo mi participación en la instalación y gestión de este mismo medio, el humilde pero libre Aluvión.


LA APROPIACIÓN DEL INTELECTO
 
La apropiación del intelecto es el primer paso, necesario hasta la médula, para la emancipación de los seres humanos y de todo ser vivo. Luego viene la apropiación de la persona, de la comunidad y del conglomerado de comunidades. Nada de lo anterior puede lograrse sin que cada uno de nosotros se apropie de su intelecto.
Sin embargo, esta apropiación solo ocurre al interactuar con otros, al vivir con otros, al compartir con otros. Es una apropiación profundamente personal, pero no para privar al otro de lo mío, sino que para entregar al otro lo que quiero entregarle sin que nadie me diga cómo entregárselo. Se trata de un acto en el que se trae a primer plano, en total plenitud, el papel y tintura del sujeto intelectual, del sujeto que propone, de quien propone. Consiste en el aprendizaje sostenido de un modo en el que hacerse-cargo es uno de los elementos fundamentales. Pero ‘hacerse-cargo’ no se entiende sólo como responsabilizarse, sino que también como hacerse uno mismo el trabajo de ‘cargo’, vale decir, de traslado o acarreo de lo que quiero hacer llegar a otro. Ello pues, al igual que en una encomienda, sólo quien la envía puede sentir y asimilar el valor genuino de lo que se quiere hacer llegar a la otra persona. Probablemente sólo quien lo envía puede cuidar y llevar a cabo el envío de la mejor manera. El intelecto es una cuestión de cartas entregadas por el mismo remitente.
Conocer e Intelecto
Conviene proponer la diferencia entre conocer e intelecto.
‘Conocer’ tiene que ver fundamentalmente con vivir. Se trata de una actividad vital que ocurre, continuamente, una sola vez que dura toda la vida, en el momento y lugar mismo de cada interacción del individuo con su entorno o mundo. Se trata del acto mediante el cual se van definiendo o difuminando las complejas relaciones que el individuo –sea humano, ameba o gato- viene manteniendo, mantiene y mantendrá con cada elemento que distingue en el entorno o mundo. Y se trata, por cierto, de un acto que imprime huellas en el sí-mismo, en tanto unidad auto-referida y auto-distinguida. 

¿Qué hiciste con tu cuaderno en que registrabas
tus apuntes o ideas?
El ‘intelecto’, por su parte, tiene que ver con proponer. ‘Pro-poner’ puede entenderse, al menos para este análisis, de acuerdo a la división mencionada. El prefijo ~pro suele sugerir adelantamiento, avance, distinción –en el sentido ‘noble’ de la palabra-, privilegio, algo superior pero no frente a otros sino que a sí-mismo. Algo que ha avanzado, que viene avanzando pero desde su propio estado o tendencia anterior. ‘Poner’, por su parte, es un humilde y simple verbo que expresa el otorgar posición a algún elemento en alguna superficie o espacio.  Se diferencia de ‘dejar’, en tanto esta última palabra tiene un olor a pasividad, olvido u omisión; poner es un acto visible y activo, con cierto toque de voluntad y al menos una pizca de esfuerzo físico o mental. Consiste también, por cierto, en otorgar a algún elemento un lugar que no necesariamente le corresponde ni haya estado antes; un acto que, al ocurrir, puede contribuir a mantener o modificar, siempre activamente, un orden que viene operando.
Así pues, pro-poner puede implicar ese otorgar-posición-activamente con una actitud o característica de adelantamiento, avanzada o mejoría, a partir de la acción en sí-misma. Dicho de otro modo, el intelecto va describiendo la historia en que el otorgar-posición-activamente va mejorando-se y adelantándose desde sí mismo y, por cierto, mediante sí-mismo. El intelecto es poner algo en algún lugar, continuamente, cada segundo mejor. Y la forma particular en que ese poner va mejorando es, precisamente, poniendo. El intelecto tiene que ver con proponer.
¿Cómo podemos pensar la relación entre conocer e intelecto? Vale decir, en primer lugar, que no es posible, de manera alguna, el intelecto sin conocer. No hay acto intelectual en el que no se esté conociendo. Probablemente, sí puede haberlo al revés, una especie de ‘conocer-pasivamente’ en el cual no se ‘pone’ algo sino que se ‘deja’ algo. La huella en el sí-mismo queda, pero no ha sido propuesta por el sí-mismo. De hecho, la huella es la respuesta del propio sí-mismo frente a la perturbación pero no ha sido, probablemente, la respuesta propuesta. El intelecto describe aquellos momentos en que el conocer ocurre de modo activo, de modo ‘pro-yectivo’, extendiendo líneas delante de sí. Describe cuando la misma huella de lo que ya vino o lo que viene ocurriendo es puesta y cada vez mejorándose en ese poner. Y podemos aquí agregar una dimensión al concepto de ‘pro-poner’, en tanto es poner delante de sí-mismo aquello que es propio a la huella de sí-mismo. Verse a sí mismo delante de uno mismo. El intelecto es observar-se.

Apropiación y alienación
‘Apropiación’ es lo contrario a ‘alienación’. Mientras lo último podríamos entenderlo como una especie de despojo o enajenación, como el retiro, por parte de otro, de lo que te corresponde o a lo que tú correspondes, la apropiación puede tener que ver con la recuperación o toma, en una actitud activa, de aquello que me corresponde y que me fue quitado o privado. Es un derecho, a todas luces. En ciertos códigos penales, aparece la figura de la ‘apropiación indebida’. Cabe considerar que ello sólo tiene sentido en un sistema cultural donde se ha determinado quiénes son los dueños de cada bien, cuáles son los modos legitimados de intercambio de esos bienes y, sobre todo, de cómo ha de dividirse  segregarse, entre la población, la calidad de ‘dueño’ de los mismos.
La apropiación es recuperación o toma, pero también es ejercicio. En el caso del intelecto, no es algo que se recupera transaccionalmente; no se trata de un bien de consumo que yo te quito para tenerlo o que, al intercambiarse, debe dejar de ser de alguien para pasar a ser del otro. Se trata de algo que debe practicarse como propio continuamente pues, cada vez que se abandona, se ‘deja’ para que otro –que no necesariamente será el otro fraterno- se apropie de él sin querer compartirlo. Por tanto, la apropiación del intelecto es una actividad continua y eterna, que se da mediante practicar el pro-poner, poniendo delante de sí mismo lo que ha dejado huella en uno mismo, con una actitud de avanzada y mejoría constante a partir de lo propio. Es por ello mismo que es actividad continua y eterna. Y es preciso agregar: No hay avance del intelecto sin apropiación del mismo.

Harald Beyer, ícono de "los que saben"
¿Quién nos ha privado del ejercicio del intelecto como actividad propia? Las universidades, la consultoras, los expertos, los relatores de capacitaciones expositivas y unidireccionales, los profesionales que sacan al diálogo su título o grado académico para otorgar ‘peso’ a su opinión sobre ciertos temas, los gobiernos, los críticos literarios con tendencia a la evaluación, los hospitales, los gloriosos equipos de investigación, los especialistas que salen en la tele, los profesores que ponen malas notas, los músicos que se valorizan a sí-mismos y a los demás sólo a partir de criterios técnicos y tecnológicos y, en general, las instituciones que nos explican ‘cómo son las cosas’ y las personas que son invadidas por tal institución y que, tristemente, ya vienen siendo despojadas y despojados de la propiedad de su intelecto.

El crimen que ocurre en las creencias
No sería descabellado afirmar que la gran mayoría de las injusticias que vivimos diariamente tienen lugar gracias a que no nos apropiamos de nuestro intelecto.
Las variadas construcciones de mundo que han dado lugar a las sociedades modernas y a esta especie de globalización ‘inconclusa’ en que nos vemos envueltas y envueltos incluyen la delimitación y difuminado de un considerable número de límites entre sus órganos. Tales construcciones son las tablas de la ley donde viene grabado quiénes mandan y quiénes obedecen, qué es lo bueno y qué es lo malo, cuál es nuestra tarea en el mundo y cuál es la de otros. Ahora, estas distinciones se sostiene en una basal: La que indica quiénes saben y quienes no saben y que, por tanto, deben aprender de los primeros. Se trata de una diferencia que implica un vaciamiento de saber por parte del pueblo, de la cesión de la tutela del saber a una clase que luego será llamada 'cuerpo intelectual’. Y claramente, este abandono del propio saber, esta supresión del yo-se y del yo-propongo, es la que nos aparta de la participación en la configuración del mundo en que vivimos y en el que, a menudo, padecemos, pues viene siendo construido a la medida de otros que, al parecer, no piensan en nosotros.
Se suele hablar de la ‘fuente’ del ‘conocimiento’. Es una idea muy antigua y tradicional y podría tratarse como un elemento particularmente importante en la construcción de la que se habla en el párrafo anterior. Al hablar de ‘fuente’, mencionamos algo que esta ‘situado en’. Hablamos de algo que, al estar en un lugar al que debemos ‘acceder’, es, por tanto, un lugar fuera de nosotros, una posición externa y absoluta. Luego, serían solo algunos los que tienen la posibilidad de acceder a esa fuente y, en su infinita bondad, transmitirían ‘los conocimientos’ a la población; aquella élite, el ‘cuerpo intelectual’, que ha encontrado la fuente llena de monedas de oro al final del arcoíris y que tiene la facultad exclusiva de entender cómo deben extraerse las monedas de tal recipiente.
El ‘conocimiento’, en vista de lo anterior, ha sido históricamente situado en edificios, instituciones o grupos humanos. El Oráculo en Grecia, el Monasterio para el mundo católico, la Universidad en la Edad Media y hasta nuestros días, las Consultoras en nuestro actual neoliberalismo; asimismo, se asocia, atribuye –y, por tanto, entrega- a los japoneses el dominio de la innovación robótica y electrónica; a los alemanes, los estándares de calidad; a los franceses, la teoría crítica, etc. Se establecen creencias, incluso, acerca del ‘origen’ de ciertos conocimientos, cual hormigueros especializados y, en la reiteración de ello, se funda y legitima la división entre grupos ‘sabios’ y grupos ‘ignorantes’. Los últimos son los que deberán aprender de los primeros, imitar los que a los sabios les ha resultado y, por cierto, no intentar siquiera creer que sus creaciones o iniciativas propias estén cerca de la altura de los ‘entendidos’ en el tema. 

¿Por qué la Universidad "lo sabe todo"?
No se trata aquí de vapulear la especialización. De hecho, la especialización es un producto y, a la vez, garante de la cooperación en los grupos humanos. No es necesario que cada persona ‘sepa’ todo cuanto hay que saber en este mundo y realice todos los oficios; eso requiere demasiado esfuerzo y años –probablemente más que lo que el ciclo vital del ser humano suele durar- y, en cambio, es mucho más ventajoso repartirse, dividirse y compartir las acciones que mantienen el curso de una cultura. La especialización describe, por cierto, ese mismo proceso. Nada tiene de malo que existan zapateros, médicos, carpinteros, músicos, choferes o ingenieros; el médico permite que el carpintero se dedique a construir bien y tenga buena salud, mientras el carpintero permite que el médico se desarrolle en la curación y el cuidado del cuerpo y viva en una buena construcción. El problema es otro: Es la profunda diferencia de valoración entre la que se otorga al médico y la que se otorga al carpintero, por ejemplo. Es la asimetría que ha venido tiñendo la especialización sin tener que hacerlo.
El paradigma de ‘conocimiento como algo situado’ ha sido tierra de hoja para la formación y fortalecimiento de castas, proceso que ha ensuciado y podrido  la especialización. Se ha venido rompiendo, desde hace muchos años, la simetría entre las distintas acciones que distintos seres humanos realizan para mantener la sostenibilidad de la vida en comunidad. Ello es, precisamente, porque se ha llegado a la idea de que  habría ciertos oficios –que luego, para diferenciarlos, fueron llamados ‘profesiones’- que ‘se acercan más al conocimiento’ que otros y que, por tanto, son más valiosos pues serían los que ayudarían a ‘repartir’ el ‘saber’ por el mundo; resulta, luego, que son los mejor remunerados y valorados. De hecho, es muy común escuchar un argumento que racionaliza, por excelencia, el gozar de una posición cómoda en la estructura económica: “Me partí el lomo estudiando 5 años, mínimo que ahora yo gane más que quien no estudió”. Mucha gente se siente mal por haber estudiado una carrera ‘profesional’ y luego ver que otra persona, que no estudió, percibe el mismo ingreso, gana la misma cantidad de dinero o incluso más que ella o él. Ese malestar surge, precisamente, de los significados que envuelven y amoldan la concepción misma de trabajo; o se siente que quien estudió merece más, o que quien no estudió merece menos. Es hasta en el mismo ámbito emocional en el que se han arraigado aquellas premisas que sostienen y dan fundamento racional a la desigualdad. Y es una desigualdad que se argumenta, por cierto, desde la idea que mencionamos anteriormente: la división entre ‘quienes saben más’ y ‘quienes saben menos’ o, lisa y llanamente, no saben. 

¿De verdad merece menos salario que el médico?   
El sistema de creencias anteriormente expuesto tiene consecuencias sustancialmente malignas e insensibles. De hecho, es una división que produce algunos de los peores y más horribles productos del actuar humano; tiene que ver con la desvalorización asumida por los propios individuos que conforman la clase ‘de los que no saben’. Durante unos buenos años, en Chile –y en varios lugares más de la región y otros en el mundo- se ha convertido en un clásico el mandato que los padres entregan a hijas o hijos cuando les persuaden para que tengan estudios superiores: “Queremos que estudies para que seas más que nosotros”. Yo recibí ese sermón de mis padres y puedo decir, con toda propiedad, que es que es muy doloroso escucharlo. Todo quien mantiene un vínculo medianamente cariñoso o cercano con sus padres sufre al escucharles desvalorizados. Se trata de un atentado histórico contra la auto-realización, elemento supremo de la plenitud humana, cuya ausencia genera profundos malestares de frustración, angustia y pena, asociadas a la decepción que causa mirar hacia atrás y ver una vida ‘sin éxitos’. La definición de ‘logro’ que las sociedades y grupos dominantes han articulado y promovido mediante sus ventanas –la prensa y la academia, entre otros- está, en primer lugar, extremadamente sesgada en estándares precisos y caprichosos en lo físico, lo laboral y lo económico y, en segundo lugar, directamente relacionada con la masiva ausencia de éxitos que muchas personas perciben al mirar hacia atrás en su propia vida. Es por ello que la alienación del intelecto es, en resumen, uno de los grandes responsables del malestar y la tristeza humana.
Todos los empleos y actividades humanas debieran ser vistas, tratadas y, por cierto, remuneradas en un único nivel. Ello, pues no están unas más cerca que otras del conocimiento. Veámoslo, en cambio, de una forma muy distinta: En todas las actividades humanas está presente el conocer.

El intelecto como lo reflexivo
El conocer es una actividad continua y vital que ocurre una sola vez y durante toda nuestra permanencia en la tierra como ser vivo.
Sería bueno recordar la relación ya expuesta entre conocer e intelecto. Quizás lo primero y más simple de decir es que no hay intelecto sin conocer y que toda manifestación de intelecto ocurre en el conocer. Es probable, sin embargo, que sí ocurra al revés; vale decir, que ocurra conocer sin que ello sea intelecto. Se trata de aquellas veces en que el individuo no ‘pone’ sino que ‘deja’ algo. Pues bien, es esta posibilidad de ‘conocer sin intelecto’ la que, precisamente, es la puerta y condición de posibilidad para la dominación y sería, teóricamente, imposible de suprimir. No es posible reducir a cero los espacios en que se asume un conocer activo, pues ello sería, por ejemplo, renunciar a dormir, a relajarse, a embriagarse, a contar y escuchar chistes y, en general, a variados momentos y actividades en las que se disminuye la disposición de alerta en el individuo y que, por cierto, son necesarios para un vivir sano y pleno. Sin embargo, hay otras áreas en las que la ausencia o debilidad de un abordaje intelectual activo ha venido permitiendo, desde hace bastante tiempo, la perpetuación de relaciones de dominación y alienación.
Es necesario que traigamos a primer plano la noción de reflexión y pensar reflexivo. Se trata de una palabra que, tradicionalmente, se ha asociado a lo ‘racional’ o a la idea de ‘pensar fríamente’, sin la ‘perturbación’ de lo ‘emocional’. En la historia de su uso hay huellas inscritas en las que es posible ver la tendencia extendida y sostenida que se mantuvo por siglos –y se sigue manteniendo- respecto a la separación entre razón y emoción y el avasallamiento que la primera impone a la segunda; vale decir, la emoción ha sido condenada por las creencias tradicionales a estar al servicio de la razón y a ‘no molestarle en sus asuntos’. Para combatir lo anterior, es preciso que aquí se exponga una visión distinta de lo reflexivo. La escuela psicoterapéutica de Milán ha propuesto, en ese sentido, la idea de lo reflexivo como aquello que ocurre en la experiencia humana cuando se atienden y se relacionan, simultáneamente, aspectos emocionales, intelectuales y de acción. Se trata de un triángulo en el que se entrelazan y ocurren conjuntamente los tres aspectos, dándose las siguientes experiencias subjetivas: pensar en lo que siento, pensar en lo que hago, sentir que pienso y lo que pienso, sentir que hago y lo que hago, hacer lo que pienso y hacer lo que siento

La absurda separación entre lo emocional y lo racional;
Premisa imperante en las teorías que nos venden humo hoy.
Lo intelectual es, necesariamente, reflexivo. Luego, ningún trazo de vivir puede considerarse genuinamente reflexivo si no ocurre alguna de los fenómenos anteriormente listados; de lo contrario, se trataría de un modo incompleto de madurar una idea o principio, una forma algo negligente de abordar los asuntos que se hacen presentes en nuestro vivir. Sin embargo, al parecer es precisamente ello lo que viene ocurriendo y siendo hegemónico en la construcción, por parte de otros, de la sociedad en la cual la mayoría padecemos. La confusión entre ‘lo racional’ y ‘lo intelectual’ ha sido clave en los cursos que ha tomado lo que se ha llamado “progreso”; suprimiendo el interés por lo emocional en las personas y los pueblos, así como por la consecuencia entre discurso y acción, se ha puesto ‘lo racional’ al servicio del desarrollo de tecnologías para matar, para reprimir y para controlar el deseo y promover la producción y el consumo por parte de las masas, en desmedro de su calidad de vida y su realización. Se han planificado ofensivas militares, golpes de estado y modelos económicos en función de argumentos y criterios fríos y muy alejados de una comprensión de lo afectivo. 
Sin ir más allá, la mirada positivista dominante aún en gran parte de la ciencia del siglo XX y actual pretende una supresión de lo emocional y todo lo que pueda considerarse “subjetivo” –todo es subjetivo; incluso la objetividad misma vive de lo subjetivo- del diseño de sus investigaciones, considerándole una especie de ‘perturbación’ o ‘estorbo’ no deseable y perjudicial para sus resultados. Bueno, si bien es necesario reconocer los innumerables avances que la ciencia ha desarrollado con el fin de mejorar la calidad de vida y otorgar herramientas creativas y de apropiación a las personas –el computador donde tecleo esto, por ejemplo-, hay que señalar que la mayor parte de los recursos destinados a investigación científica son orientados, por ejemplo, a la industria de armas, la industria farmacéutica y, en general, a los aspectos de interés de grupos que buscan mantener la concentración de poder –a partir de evitar el surgimiento de poder en la asociación de las personas-, para lo cual necesitan estar muy alejados de lo que puedan sentir las personas que serían usuarias, destinatarias o, incluso, objetos de investigación. Para ello, el positivismo y lo no-reflexivo cabe como anillo al dedo. 

La ciencia es bellísima. Algún día será liberada de la
academia y será practicada en y por las comunidades.
La ciencia, como disciplina de investigación en diversos temas específicos, suele requerir dedicación, rigurosidad, responsabilidad y, por todo lo anterior, especialización. Sin embargo, muchas veces tal idea es confundida con una supuesta “necesidad” de la academia tradicional -rígida y segregacionista- de la jerarquía como modo transversal de organizar tanto lo académico como lo laboral en el rubro. Es allí donde cabe recordar que sí existe la posibilidad de una especialización con simetría, que puede llevarse a cabo avances en investigación y desarrollo sin necesidad de basar la organización del trabajo en lógicas jerárquicas, verticales y, por ello, muy sujetas a los caprichos de los niveles superiores. La ciencia es bellísima –va mucho más allá del estereotipo positivista-; por ello, es preciso purificarla de los vicios del llamado “progreso” y promover un giro de lo científico hacia la apropiación. Más adelante, se propondrá un modo de instalar centros de investigación y desarrollo a nivel comunitario, con el fin de descentralizar y abrir el acceso a la formación y desempeño científico. Necesitamos espacios para realizar ciencia reflexiva.
Lo reflexivo, en base a los fenómenos antes indicados –pensar en lo que siento, pensar en lo que hago, sentir que pienso y lo que pienso, sentir que hago y lo que hago, hacer lo que pienso y hacer lo que siento- puede ampliar la complejidad de su avance en cuanto intelecto –que al observar-se, va avanzando en su ejercicio mismo- a partir de la formulación de fenómenos reflexivos en otro nivel: pensar en lo que siento mientras hago algo, pensar en lo que hago cuando siento algo, sentir lo que hago mientras pienso, sentir que pienso y lo que pienso respecto a lo que hago, hacer algo pensando en lo que siento, hacer algo sintiendo que pienso lo que hago y cómo lo hago, y así puede seguir ampliándose la lista de sucesos. Todo ello ocurre cuando el intelecto está operando genuinamente y no responde pasivamente al pensar en otros. Ejercitar lo reflexivo es posible y simple, pues basta proponérselo para ya realizar un primer acto. El llamado es, por tanto, a mantener un modo en el vivir –en persona y en comunidad- en que se mantenga la apropiación del intelecto.
                Un camino colectivo hacia la apropiación
La apropiación del intelecto es un problema colectivo y político a ser abordado.
Es preciso subrayar que ‘lo político’ ha de entenderse de manera mucho más amplia que lo que dicta la creencia común, responsable de un masivo rechazo a la palabra. No se trata de pelear puestos en el congreso, ni de unirse a partidos políticos ni, mucho menos, postular a manejar un gobierno. Todo ello es parte de una acepción banal de ‘política’. ‘Lo político’ es abordar colectivamente la resolución de asuntos de interés colectivo. Tiene lugar en un país, en la relación entre países, así como en una ciudad. Pero tiene también lugar en un hogar, en un curso de escuela, entre bandas musicales, en un barrio e, incluso, en las relaciones amorosas.

Hernán Curiñir, historiador local del Wallmapu.
La historia ha de ser pensada por quien la vive.
La alienación en las personas, incluyendo claramente la alienación del intelecto, tiene lugar a partir de sucesos y tendencias históricas que han propiciado la emergencia de ciertos conjuntos de creencias y prácticas. En el caso de la política, claramente los imaginarios populares de rechazo a la palabra y la idea están asociadas a una cesión del derecho a decidir sobre lo colectivo; las nociones tradicionales acerca de ‘lo político’ que vienen rondando en nuestro vivir cotidiano tienen que ver con la alienación del intelecto, con la creencia generalizada de que serían quienes ocupan los puestos de mando los que “saben” lo que hay que hacer con ‘todos’.  Y es así como, básicamente, se entrega gran parte del control de la vida a una institución que se funda retóricamente en el pueblo pero que, en su práctica, sólo opera a partir de intereses de cúpulas.
Un camino hacia la apropiación debe ser un camino social y político. Como se dijo anteriormente, debe partir en la emancipación del individuo, en quien residen importantes bastiones de la dominación, los cuales funcionan como policía interna, llevándonos a auto-castigarnos y a censurarnos por leyes no genuinas. Sin embargo, la emancipación del individuo y la emancipación colectiva se necesitan mutuamente. El proceso en que esa ayuda mutua ocurre es, precisamente, en el ejercicio genuino de lo político. Ello implica, entre otras cosas: Recuperar la creencia del derecho a ejercer lo político; limpiar lo político de deseos de lucro, de fama o de tiranía; comprender lo político como algo que no depende de los partidos políticos; dejar de otorgar autoridad moral a las cúpulas políticas respecto a la guía de lo colectivo –lo cual parte en cuestionar las propias creencias encalladas- y de la definición teórica y práctica de lo que habría que hacer para emanciparse; comprender la mirada del otro –que sea explicable, que tenga lógica y sea imaginable como experiencia en el vivir que se supone en otro- que es considerado enemigo o contrario, sin que eso exija dejar de estar en desacuerdo ni otorgar juicio a su postura; y, en general, tener claridad acerca de una idea de vivir colectivo e individual anhelado, idea que pueda irse ampliando y cuestionando en el camino y que, sobre todo, sea alcanzada mediante un operar colectivo genuino, limpio y propio.