sábado, 18 de abril de 2015

ADRIA, LOS SUPERCAMPEONES Y LA DIGITALIZACIÓN

Escrito por: Gerundio
 
Con el pasar del tiempo es impresionante como todo se encuentra al alcance de un click. Y es que todo, pero casi absolutamente todo, se puede realizar ya por ordenador, desde hablar con esa persona especial cuya barrera es la distancia, hasta desearle los buenas días a tu padre que está en el piso contiguo.

Añoro esos tiempos en los que vive el niño de la historia siguiente, el niño que, a pesar de no saber de Facebook, Whatsapp, Instagram o Twitter; vivía feliz y con el juguete más importante que por aquel entonces existía y que a ellos les iba muy bien, la imaginación.

Adrià és un joven cuyos pensamientos no están lo más organizados que te puedas imaginar. Hijo de un padre temeroso de la ley de Dios y de una madre...podríamos decir...tierna y sumisa que se levanta con un solo afán: Ser feliz pese a la gran carga que ya os contaré.

Como es ya costumbre de la familia Armengol, cada mañana se levantan a tomar desayuno. Primero, el hijo madrugador que entra a clases a las 8:20. Ferrán, un chico tímido cuando le conviene, agresivo cuando no se lo ve y fanfarrón un día si y otro también. Luego y ya un poco entrada la mañana, se levanta Adrià y junto a sus padres y su hermana Ainhoa se sienta a desayunar; bueno, eso si Ainhoa está despierta pues suele levantarse muy, pero muy entrada la tarde.

Como es también costumbre, la casa de los Armengol siempre cuenta con la compañía del silencio, tan necesaria a veces y amenazante y encimera cuando no te van bien las cosas.

Ferrán trabaja pero es su hermano, Adrià. quién se divierte la mayoría del tiempo. Corre ligero como si nada le importara e imagina cosas que, señores, nadie podría imaginar.

Con la ayuda de su Walkman; si señores, Walkman, ese aparatejo que funcionaba a radiocassette y que hay de ti si querías volver a oir tu canción favorita. Era la fiel compañía de este joven que tenía ganas de comerse el mundo.

Jugar al futbol es su pasión, pero la mayor de todas es Arantxa, una joven que ha conocido hace poco y que no quiere salir de su cabeza ¿Por qué? El tiempo lo dijo, lo está escribiendo y esperemos que también lo dirá.

Adrià era un incomprendido, pues es un poco diferente a los demás. Como ya se dijo antes, la imaginación y pensamientos de nuestro amiguete escapa a lo que podemos conocer como racional y es que ¿Hay alguna mente de niño que no sueñe o imagine cosas? Pues esta lo era.

Joven apasionado por los suyos, del cual nunca se oía ofensa alguna -vamos, como en toda persona de aquella epoca- era aquel niño que le gustaba ayudar y siempre sonreir aunque las adversidades le pisen la cabeza.

La rayuela, las tinieblas (escondidas) son cosas que actualmente se conocen muy poco o, a secas, no se conocen. Eran los juegos preferidos de Adrià, pero nada como darle un beso a Inés, su madre, al llegar a casa.

Inés, pacientemente, escribe una carta a su madre Leyre para contarle un poco de lo que ha sido su vida durante las últimas 2 semanas. Se la ve sonriendo y escribiendo con una cara de gusto que se ha perdido como aquella hermosa costumbre de saludar y pedir por favor. Ay, lo que daría yo por volver a ver esas caras tan explicativas y denotativas de amor, sinceridad y entrega total.

Yo, Ferrán, os narro la existencia de Adrià, el chico que siempre quise llegar a ser pero que, por motivos de espacio y de comprensión no fui. Lo tenía todo para triunfar: Las ganas, el coraje, una familia que me amaba, la gracia de Dios. Pero fue un día, cuando todo empezó a cambiar que me fui intoxicando con palabras que no se sentían, abrazos fingidos, desechos que se disfrazaban de buenas intenciones, frases y obras intolerantes, envidias insanas, palabras hirientes y demás atrocidades que sigo viendo a pesar de mi corta vida y todo lo que se nos ha entregado.

Yo Ferrán, soy el mundo que os digo que os améis los unos con los otros, que aprendáis más a conoceros que a juzgaros, más a veros que a odiaros, más a sonreir que amargarse más a dar la mano que a criticar màs a pelear y levantarse que quejarse y quedarse atrás.

Mi hermano Adrià, ese que está dentro de mi, murió a causa de la intoxicación que poco a poco fue sufriendo el mundo, no supo adaptarse a un mundo sin sonrisas y terminó sucumbiendo. Pero yo sigo aquí y aún espero que él vuelva a renacer. Aún sigo tratando de entender cómo fue que la cercanía pudo llegar a separarnos.

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