jueves, 22 de mayo de 2014

LO BUENO Y LO MALO



Escribe: Jonás

Cada día leo, escucho, digo y adentro en mí cosas que han sido prefabricadas y dichas mediante una tela de verdad y narcisismo efímero, puesto que el significado de la verdad de lo planteado sólo lo sabe el que me dice que esto está bien o que está mal. Pero ¿Hay alguien que, en verdad, pueda decidir algo sin basarse en prejuicios tanto de manera consciente como inconsciente? No creo que exista nadie así. Es entonces cuando se te viene a la mente eso de “No hables con extraños”, “No te duermas tarde”, “Camina derecho”, “Sé bueno con los demás”, “No hagas a otro lo que no te gustaría que te hagan a ti”. Fui educado con estas enseñanzas, pero ¿En realidad es eso lo que te hace ser una persona de “bien”? ¿Será eso lo que te haga destacarte más adelante? No lo creo.

¿Acaso está mal que una madre trabaje todo el día para sacar adelante a su familia y que, por culpa de eso, se pierda etapas preciosas del crecimiento de su hijo, así como otras menos bonitas como su primera pelea o su primera caída en bicicleta?, Hay ahí dos polos; para el niño, que aún no se da cuenta de la importancia de estos eventos, pasan desapercibidos y para la madre, que tiene muy en cuenta la importancia de estos hechos, pero sabe también que con estos recuerdos no se puede hacer buen consomé, ni con las penas buen guisado, deja a su niño de lado para tener que comer.

¿Acaso está bien ser desconfiado? ¿ No dejar a tu hijo experimentar por él mismo que es lo que lo hará ser un hombre de bien o un hombre maligno o no adaptado a los tiempos que corren en esta sociedad cada vez más corrupta? Esto también tiene dos aristas: La de un padre preocupado por el bienestar de su hijo y la del hijo que quiere inspeccionar el mundo pese a que sus padres le advirtieron.

¿Acaso está bien estar encima de tus hijos y venga a echarle charlas y venga a recordarle siempre lo que está mal y lo que está bien? ¿Crees que si dejaste pasar mucho tiempo en decírselo tendrá más importancia ahora que creció? ¿No crees que si se lo enseñaste debes confiar en él, en sus decisiones en su planteamiento de vida y tú ser simplemente un tutor que guíe y no un inspector de colegio?

¿Acaso está bien que prohíbas a tu hijo cosas que tú mismo tuviste impulso de hacer, tales como salir de fiesta, ir a la casa de un amigo, que un amigo se quede a dormir? ¿Crees que sea necesario que tu hijo escuche tus pensamientos negativos acerca de lo que hizo, o lo que pudo hacer? ¿De sus amigos? ¿Crees necesario cargarle ese peso adicional a un adolescente que está creciendo? Sé un padre o un guía comprensivo, tampoco seas tan permisivo pero aprende a sobrellevar lo que tu hijo te plantee porque, colega, es solo el comienzo.

Cuando tu hijo crezca, no valorará los autitos de juguete, los 3000 pesos diarios que le dabas o los besos fingidos y abrazos sin calor a la rápida. Él valorará la calidad mas no la cantidad de amor que hayas dado. Él no dirá: “Abrazaré el cochecito que me dio papa”; él querrá un papa para abrazar. Pero como tú trabajaste mucho, ahora estás agotado y no tienes tiempo para él. Eso no está mal ni bien; he ahí la ambigüedad del tema y la relevancia de la “ocasión”.

Ser realista, positìvo o negativo no está ni bien ni mal. Es sólo que para cada posición hay un momento, un ánimo y un temperamento, puesto que lo que no hiciste en años no se consigue al momento. Si ya lo has dejado pasar, ha pasado y no volverá. Y eso tampoco está mal, sino que, más bien, “mal aprovechado”. Hay que comer, pero también hay que vivir. Ninguna de las dos cosas está mal; como vuelvo y repito, todo depende de la “ocasión”.

Al juzgar, no seas duro ni tampoco rudo a la hora de castigar. Sé pensante y buen padre. Sé amable pero sin vacilar, porque tu hijo necesita disciplina pero también necesita cariño, calor y comprensión, cariño que estará vacío, aún si vives en una gran mansión, llena de lujos pero vacía de cariño ¿Eso está mal?...

Querer algo poder hacerlo y no hacerlo es una gran limitación, no para ti, si no para tu alma. Liberar tus quereres y aprender a decir palabras mudas, palabras que no sean necesarias para entendernos, palabras que sumadas mil no hagan más que una imagen o que un hecho, palabras ciegas que den luz, palabras sordas que retumben en tus oídos, palabras mudas que hablen en un lenguaje distinto al prototipado y establecido por el diccionario narcisista que siempre nos ha dicho que hacer. Señores, el querer no es poder ¡¿O creéis vosotros que el ciego no quiere ver, que el mudo no quiere hablar o que el sordo no quiere oír? Pero… ¿Eso está mal?

No esperes al momento perfecto; haz que cada momento sea vivido al límite. Un momento perfecto no es cosa de dos en una relación. Es cosa de un sentimiento, sentimiento que los une, sentimiento que se cultiva. Y la relación padre o madre-hijo no es excepción.

Buda dijo una vez: “Es impresionante como, al principio, el hombre pierde su tiempo y su salud por el dinero; más impresionante es ver a ese mismo hombre luego querer gastar su dinero y verlo perder el tiempo por recuperar su salud”

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