Escribe: Jonás
Cada día leo,
escucho, digo y adentro en mí cosas que han sido prefabricadas y dichas
mediante una tela de verdad y narcisismo efímero, puesto que el significado de
la verdad de lo planteado sólo lo sabe el que me dice que esto está bien o que
está mal. Pero ¿Hay alguien que, en verdad, pueda decidir algo sin basarse en
prejuicios tanto de manera consciente como inconsciente? No creo que exista
nadie así. Es entonces cuando se te viene a la mente eso de “No hables con
extraños”, “No te duermas tarde”, “Camina derecho”, “Sé bueno con los demás”, “No hagas a otro lo que no te gustaría que te
hagan a ti”. Fui educado con estas enseñanzas, pero ¿En realidad es eso lo que
te hace ser una persona de “bien”? ¿Será eso lo que te haga destacarte más
adelante? No lo creo.
¿Acaso está mal que
una madre trabaje todo el día para sacar adelante a su familia y que, por culpa
de eso, se pierda etapas preciosas del crecimiento de su hijo, así como otras
menos bonitas como su primera pelea o su primera caída en bicicleta?, Hay ahí
dos polos; para el niño, que aún no se da cuenta de la importancia de estos
eventos, pasan desapercibidos y para la madre, que tiene muy en cuenta la
importancia de estos hechos, pero sabe también que con estos recuerdos no se puede
hacer buen consomé, ni con las penas buen guisado, deja a su niño de lado para
tener que comer.
¿Acaso está bien
ser desconfiado? ¿ No dejar a tu hijo experimentar por él mismo que es lo que
lo hará ser un hombre de bien o un hombre maligno o no adaptado a los tiempos
que corren en esta sociedad cada vez más corrupta? Esto también tiene dos
aristas: La de un padre preocupado por el bienestar de su hijo y la del hijo
que quiere inspeccionar el mundo pese a que sus padres le advirtieron.
¿Acaso está bien
estar encima de tus hijos y venga a echarle charlas y venga a recordarle
siempre lo que está mal y lo que está bien? ¿Crees que si dejaste pasar mucho
tiempo en decírselo tendrá más importancia ahora que creció? ¿No crees que si
se lo enseñaste debes confiar en él, en sus decisiones en su planteamiento de
vida y tú ser simplemente un tutor que guíe y no un inspector de colegio?
¿Acaso está bien
que prohíbas a tu hijo cosas que tú mismo tuviste impulso de hacer, tales como
salir de fiesta, ir a la casa de un amigo, que un amigo se quede a dormir? ¿Crees
que sea necesario que tu hijo escuche tus pensamientos negativos acerca de lo que
hizo, o lo que pudo hacer? ¿De sus amigos? ¿Crees necesario cargarle ese peso
adicional a un adolescente que está creciendo? Sé un padre o un guía
comprensivo, tampoco seas tan permisivo pero aprende a sobrellevar lo que tu
hijo te plantee porque, colega, es solo el comienzo.
Cuando tu hijo
crezca, no valorará los autitos de juguete, los 3000 pesos diarios que le dabas
o los besos fingidos y abrazos sin calor a la rápida. Él valorará la calidad mas
no la cantidad de amor que hayas dado. Él no dirá: “Abrazaré el cochecito que
me dio papa”; él querrá un papa para abrazar. Pero como tú trabajaste mucho,
ahora estás agotado y no tienes tiempo para él. Eso no está mal ni bien; he ahí
la ambigüedad del tema y la relevancia de la “ocasión”.
Ser realista,
positìvo o negativo no está ni bien ni mal. Es sólo que para cada posición hay
un momento, un ánimo y un temperamento, puesto que lo que no hiciste en años no
se consigue al momento. Si ya lo has dejado pasar, ha pasado y no volverá. Y
eso tampoco está mal, sino que, más bien, “mal aprovechado”. Hay que comer,
pero también hay que vivir. Ninguna de las dos cosas está mal; como vuelvo y
repito, todo depende de la “ocasión”.
Al juzgar, no seas
duro ni tampoco rudo a la hora de castigar. Sé pensante y buen padre. Sé amable
pero sin vacilar, porque tu hijo necesita disciplina pero también necesita
cariño, calor y comprensión, cariño que estará vacío, aún si vives en una gran
mansión, llena de lujos pero vacía de cariño ¿Eso está mal?...
Querer algo poder
hacerlo y no hacerlo es una gran limitación, no para ti, si no para tu alma. Liberar
tus quereres y aprender a decir palabras mudas, palabras que no sean necesarias
para entendernos, palabras que sumadas mil no hagan más que una imagen o que un
hecho, palabras ciegas que den luz, palabras sordas que retumben en tus oídos,
palabras mudas que hablen en un lenguaje distinto al prototipado y establecido
por el diccionario narcisista que siempre nos ha dicho que hacer. Señores, el
querer no es poder ¡¿O creéis vosotros que el ciego no quiere ver, que el mudo
no quiere hablar o que el sordo no quiere oír? Pero… ¿Eso está mal?
No esperes al
momento perfecto; haz que cada momento sea vivido al límite. Un momento
perfecto no es cosa de dos en una relación. Es cosa de un sentimiento,
sentimiento que los une, sentimiento que se cultiva. Y la relación padre o
madre-hijo no es excepción.
Buda dijo una vez:
“Es impresionante como, al principio, el hombre pierde su tiempo y su salud por
el dinero; más impresionante es ver a ese mismo hombre luego querer gastar su
dinero y verlo perder el tiempo por recuperar su salud”

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