Escrito por: Grecko
(compartido desde su blog "Punto de Vista Social's Club")
Cuando salí de la U; salí
aliviado y exitoso. Por fin terminaba un proceso y entraba en otro más relajado,
pensaba yo. Recuerdo el día de mi examen de grado, después de rendirlo, sólo
quería dormir. Un tiempo más tarde, un correo llega y dice que mi Universidad
informó mi egreso a la Comisión Ingresa (Organismo encargado de administrar el
famoso Crédito con Aval del Estado o CAE) y que debo empezar a pagar pronto, un
mes más. Es cierto, soy un endeudado del famoso CAE. La verdad, lo esperaba, y
de hecho es lo correcto, después de todo, estudié, me titulé, trabajé y disfruto
de lo que mi trabajo me ha dado.
Sin embargo, hubo un instante en
el que me puse a reflexionar, en el que la neurona ética-política-moral-cuestionadora
entró en funcionamiento en mi cerebro y pensé: “Hoy se habla de ‘grandes
reformas’ de cambiar la ‘educación de mercado’ por una ‘justa’, de calidad, que
integre, que dé oportunidades, y que elimine el lucro – prácticamente – de la
faz de la tierra y… sin embargo ¿quién ha soltado una sola y mísera palabra
para eliminar la aberrante forma en que muchos se endeudan, se endeudaron y
endeudarán para educarse, mientras exista este famoso CAE? Puesto que, si hablamos
de lucro y de la forma en que el Estado invierte sus recursos en Educación, el
CAE es el peor de todos, porque, si usted no lo sabía, el funcionamiento tras bambalinas
del CAE es un contrasentido económico perjudicial, macabro e imbécil para el
Estado, en favor de la banca privada, un verdadero despilfarro legítimo y que a
nadie en el poder le llama la atención. (Averigue bien)
Si se elimina el lucro, la
educación es gratis y todo eso – me planteo en una inocente hipótesis de que
así sea - quedará un gran resabio del antiguo sistema: nosotros los endeudados,
no creo estar solo en esto. Y por endeudados, no hablo de los que tienen cuotas
impagas, esos serán los menos, pero los habrá. Hablo de los que pagan y tienen
que pagar. Por mi mente de endeudado pasan, entonces, los siguientes planteamientos,
algo incómodos para algunos, obvios y casi desapercibidos para otros en razón
de la normalidad que no poseo, ni quiero poseer. En fin, pasa lo siguiente:
cuando tenga hijos, tal vez: aún tendré que pagar mi CAE; cuando esté enfermo,
aún tendré que pagar mi CAE; cuando me quiera comprar una casa: tendré que
pagar mi CAE; cuando me quiera tomar un año sabático y viajar por el mundo: aún
tendré que pagar mi CAE. Cuando quiera estudiar, para profundizar mi
conocimiento en mi área en Chile o el extranjero, altruistamente – espero –:
aún tendré que pagar el CAE. ¡Qué cuático!
¡CAE!, ¡CAE!, ¡CAE!, ¡Me perseguirá
20 años de mi vida, de mi trabajo, de mi sueldo, de mi familia!, ¡ojalá! a un
10% de mi renta, por favor. Y, si alcanzó a pagar a tiempo mensualmente, será con
una tasa de interés rebajada del 2%, y
si no, con una de casi un 6%, ¡Dios me libre! Lo dejaré de pagar cuando tenga
45 años, pero ¿quién cresta sabe si llegaré vivo a esa edad? Todas éstas
cuestiones pasaron por mi cabeza y cuando pienso que también, quizás, querré
comprar un departamento o una casa para vivir solo, o en pareja o con mi
familia o con un gato, perro etc., ¡también tendré que endeudarme!, ¿y si me enfermo?
– Dios no lo quiera – puede que sea lo mismo. ¡Espera un momento! Si lo pienso
bien, mi libertad, mi propia vida, más allá de mi trabajo, como podría decir
Karlitos Marx, la estoy vendiendo, por “libre” decisión, porque no sé cuánto
tiempo de vida tengo, ni la calidad de vida que logre mantener y aun así ¿me
endeudé?, o sea, es culpa mía. ¡Mierda! ¡La cagué!
Entonces, salió de mí un lado
anarquista, rebelde con causa propia que dice: “No pagaré ni una hueá”. Y lo hablé con algunos de mis compañeros
y compañeras deudores del CAE y les dije: ”No quiero pagar”, algunos me miraron
con cara de “te estás cagando solo”, otros me dijeron derechamente “es tú
problema, has lo que quieras”; otro me indicó “ eso es problema de las Ues
privadas”. Sí, es cierto, en buena parte, yo estudié en una U privada, la UAH-
muy buena a todo esto- y muchos teníamos ese “beneficio”, pero ¿y qué? Un buen
tipo me dijo, razonablemente: “¿Estáy hueón?,
¿quieres perjudicar a tus viejos? Si no pagas, el banco cobra y les embargan a
ellos” Ahí pensé en las innumerables artimañas legalistas que existen para que
no embargaran a mis viejos, pero si lo hacía de todas formas alguien iba a ser
afectado y yo tendría que pasar escondido, no tendría créditos para nada,
estaría aislado económicamente, tendría “los papeles manchados” per secula seculorum. ¿Qué cresta hago?
Volví a replantearme, quizás
tenga que pagar. Pero no, a ver, ¿y si nos organizamos y hacemos una marcha? ¿Un
movimiento social? Los endeudados del CAE, porque – pensé - esto es una
política pública pésima y abusadora que afecta a muchos; esto es algo que como
ciudadanos deberíamos exigir: vivir libres, y que la educación siempre ha sido
y es un derecho, el cual se nos está cobrando. En ese plan, alguien me dijo irónicamente:
“’¿los profesionales? no creo que vayan, están ocupados trabajado para pagar el
crédito”. Yo tenía esperanzas. Los que se endeudaron recién, - pensé - los
estudiantes, me dijeron “están en asambleas en sus Universidades, hablando de
cómo cambiar el sistema macro, de las utopías; entre amarillos, fachos y ultras,
no les importa si tienen que pagar… aún. Marchan, pero siguen pagando, están en
otra volá”, aún tenía esperanzas. Las
tenía porque dediqué mi estudio y 5 años de mi vida - menos mal, porque si no
debería más - a estudiar cómo poder hacer de la vida de la comunidad algo
mejor, lo típico: aportar a la sociedad. Todo esto desde una de las disciplinas
de las Ciencias Sociales como el Trabajo Social. Un buen géminis soñador, como
me dijeron por ahí.
Mis esperanzas eran enérgicas, hasta
que un día en la mañana, desperté motivado para emprender el rumbo hacía lo que
en mi mente sería en una manifestación ciudadana virtual por Facebook (Sí ¿y
qué?). Fui al baño, tomé un mate, prendí la tele y justo estaban entrevistando
a una señora, acerca de la alza de precios del Transantiago, en 10 pesos, ella
dijo: “Así es Chile ¿qué le vamos a hacer?,
hay que echárselo al hombro.” Luego, dos personas más repitieron lo mismo,
unos les echaban la culpa a otros, los que no pagaban y el “¿qué le vamos a hacer?” se repitió muchas veces y con eso mis esperanzas
murieron. Y murieron bien muertas, porque si por 10 pesos cotidianos por 5 días,
que son 100 pesos semanales, 400 pesos mensuales, 4800 pesos anuales por cada
uno de una familia trabajadora, nos echamos al hombro como si nada ¿qué serán $16.800.000
a 20 años plazo, es decir $70.000 mensuales, o $2400 diarios, o $100 por hora,
si es que pago en los plazos? Un poco más difícil, pero total es el problema de
uno, de un bolsillo de otro, de una vida, de alguien que tiene un trabajo, de
la libertad de otro, de otra familia.
Así que, no. No pague de más… no pague… atrasado.
